viernes, junio 01, 2007

y después del humo, la calma

Pasó el 30 de mayo en la Universidad y todo comienza a retomar los cauces normales.
Hubo quien pensó que con este enfrentamiento se paralizaría la universidad y se cumplirían amenazas previas por no apoyar movimientos ajenos al universitario...
Le falló.
El día ciertamente fue pesado, hacía muchos años que no veía algo igual. Pero los medios de comunicación sin duda hacían su parte. Por la mañana mucha gente en CU pero bien se dice que "De todo hay en la viña del Señor" y así erá. Estaban los azuzadores profesionales, pocos pero presentes, los borrachos trasnochados que apenas venían de la última fiesta, los morbosos y sus amigas, los chismosos, los desmadrosos, y también, por supuesto, los que querían estudiar. Todos ellos afuera (o debo decir nosotros) mientras en el interior del campus se encontraban con cierto nervio los llamados "caseños" o beneficiarios de los albergues estudiantiles.
Comienza el jaloneo y se va juntando la gente, comienza la lluvia de pedradas de ambos bandos y caen algunos descalabrados (entre ellos algunos medios). La situación empeora y comienzan a sonar los estallidos de bombas molotov y los petardos que lanzan del interior hacia nosotros...
El caos, el correr de la gente, el aullar de patrullas, la prensa exigiendo información como si ésta se les debiera por alguna suerte de prebenda o derecho nobiliario.
Se separa del contingente principal un grupo de menos de 100 personas y se dirige al centro histórico de la ciudad con la consigna de destruir las casas del estudiante al no haber podido ingresar a CU
Afortunadamente el problema no fue peor. Aunque algunos querían escuchar la muerte de algunos estudiantes, esto no sucedio.
Estoy molesto. Ni hablar.

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