jueves, noviembre 26, 2009

Los artilleros del 43

Siempre me impactó la defensa -fallida- del Castillo de Chapultepec. Una vez que fui lo suficientemente grande para decidir mi destino me dediqué a estudiar física y matemáticas, todos mis esfuerzos fueron en el campo de la ciencia, especialmente el estudio del tiempo como dimensión y, de la misma forma, la posibilidad de viajar a través de él.

En el momento culminante de mi carrera científica tenía el dispositivo de viaje en el tiempo. Rápidamente tomé nota mental del evento histórico que había logrado convertirme en la primera persona que viajaría a la historia... para cambiarla.

Era una noche muy cerrada, apenas pude, me comuniqué con uno de los cadetes para avisar: Mañana toman por asalto el Castillo y tratarán de acabar con ustedes, no deben permitirlo.
-No están los mandos superiores, salieron a una fiesta y probablemente no lleguen sino hasta entrado el día.
Habrán de buscar alguna forma de impedirlo, repliqué, y dibujé una muy sencilla estrategia para la defensa, usando mis conocimientos de la época y la situación particular del momento. Todo el concepto era descabellado pero debía intentarse. Cumplida mi misión, desaparecí.

Un grupo de jóvenes mexicanos armados hasta los dientes decidieron hacer frente a la horda norteamericana que trataría de sitiarlos alrededor de la fortaleza, ya sabían la fecha y estaban a punto de generar estragos en las líneas enemigas.

La avanzada del grupo de defensa vio acercarse un convoy con la bruma matinal, no quisieron esperar y abrieron fuego en columna contra todo aquello que se movía, hasta que aclaró el día y no hubo mayor movimiento.

Se acercaron para ver el éxito de la maniobra, toda orquestada por un extraño quien parecía conocerles a fondo y les dijo todo lo que debían hacer. Su heroicidad sería reconocida y festejada por siglos...

Sorpresa; eran los mandos superiores quienes habían caído presa de las balas de sus propios cadetes en una masacre que nunca se olvidaría. Más adelante se hablaría de ese día donde los jóvenes, cansados de las agresiones que sufrían por parte de sus superiores se habían agazapado en la noche, para esperar su regreso y acabar de una vez por todas con su tiranía.

¡Nadie olvidaría el acto de los niños asesinos de Chapultepec, durante la mañana del 13 de septiembre de 1843!